Un balance de la primera etapa, llena de cambios y aprendizajes.

Categories: California,España,Republica Checa

DSC08708-001

En la Vía Verde española entre Teruel y Valencia

Pasaron casi cuatro meses desde que comenzamos nuestro viaje en bicicleta. Fueron días intensos llenos de enseñanzas, y sin embargo todavía nos sentimos desorganizados y con mucho por resolver. Lejanos parecen los momentos iniciales en España, pedaleando desde Madrid bajo el sol intenso de Castilla y La Mancha, subiendo puertos con todas nuestras fuerzas para llegar a ciudades de tanta belleza histórica como Cuenca o Albarracín, donde el pasado moro se hace presente en su arquitectura. El verano se sentía en el clima y en la calidez de la gente, que nos fue recibiendo con los brazos abiertos desde el corazón del país hasta la costa del Mediterráneo; entre tantos lugares visitamos la alegre Valencia, la isla paradisíaca de Formentera y la pujante Barcelona.

DSC08936

En el parador de la Cruz Roja en la playa valenciana nos recibieron con mucho cariño

España fue una grata puerta de entrada a Europa, donde pudimos presentar nuestro libro “Diarios de Bambucicleta” en varias ocasiones, quedando disponible para la venta en diferentes librerías. Durante casi dos meses conocimos a entrañables amigos, y nos acostumbramos a la buena comida y a tomar cañitas de cerveza para apaciguar el calor agobiante de las tardes. Atrás quedaron los primeros días en donde llevábamos tanto peso que no podíamos pedalear, incluso cayéndonos al suelo en la primer salida, probando el sabor del pavimento de Madrid. Fue una gran enseñanza el tener que decidir qué cosas del equipaje dejar atrás para alivianar la carga, deshaciéndonos de muchos objetos con dificultad, tratando de simplificar nuestra situación.

DSC08581-001

El ascenso al Puerto Cubillo en las Serranías de Cuenca fue un verdadero desafío…

DSC08542-001

Las paradas para refrescarnos en medio del agobiante calor del verano español fueron esenciales para poder continuar nuestras pedaleadas

DSC08654-001

Vista sobre la maravillosa Albarracín desde la muralla construida por los Moros

DSC08505-001

Nuestra casita

El tiempo pasaba y nuestros días en el viejo continente se acortaban, por lo que dimos un salto desde la frontera con Francia hasta la República Checa. La familia de Marketa allí nos aguardaba, por lo que para acelerar el recorrido hicimos “dedo” a los camiones buscando quién pudiera llevarnos. Tras muchos intentos de Marketa preguntando a conductores de tantas nacionalidades, finalmente un camionero polaco aceptó llevarnos hasta el borde de Alemania. Compartir dos días con él en la cabina mientras nuestra bici viajaba en el acoplado, fue una experiencia anecdótica y divertida; mezclando idiomas entre checo, polaco, inglés y muchos gestos con las manos. Desde allí otro camionero pudo acercarnos a Praga, y haciendo grandes esfuerzos para meter nuestra enorme bicicleta con carrito en los trenes, finalmente llegamos a Krnov, donde la mamá de Marketa nos esperaba contenta. En la República Checa visitamos a varios familiares en distintas regiones del país. El verano se hizo más frío y la lluvia fue constante. Probamos nuestra ropa impermeable, y tras varios días de andar con los pies mojados, usar papel de diario adentro de las zapatillas se hizo una costumbre. Fue un gusto ver cómo los vasos de cerveza crecieron a un tamaño descomunal comparados con España, y la comida ganó en calorías para enfrentar las bajas temperaturas. Muchos bosques de pinos en paisajes de montaña, casitas con techos a dos aguas, y junto a ellas grandes cantidades de leña para alimentar las estufas que ya ardían sin pausa.

Clima checo nos permitió probar la resistencia de nuestros pilotines

El clima checo nos permitió probar la resistencia de nuestros pilotines

Varias semanas pasaron y nuestro vuelo desde Berlin a California se acercaba para asistir a la boda de mi hermano. Apurando nuestro paso nos montamos a otro tren que nos llevó a Alemania. Recorrimos la ciudad donde un absurdo muro alguna vez la dividió, admirando tanta movida de cultura alternativa que allí ahora florece. Luego, otra vez a desarmar el tándem y el carrito, y con pedazos de cartón y rollos de film plástico para cocina los empaquetamos para embarcarlos en el avión.

DSC09879

En California festejamos el casamiento de Danilo y nos reencontramos con muchos familiares. En esos días decidimos reorganizarnos y replantear nuestra situación. Inevitablemente caímos victimas del consumo, buscando ofertas convenientes para mejorar nuestro equipaje. En un centro de tecnologías sostenibles en Oakland nos enseñaron cómo instalar un pequeño motor eléctrico en la rueda delantera bici, para poder ayudarnos con la carga en las empinadas subidas. Un gran salto tecnológico que ya imaginaba desde hacía varios años, pero que nunca había tenido la ocasión de implementar. Ya en Berkeley rompimos el mecanismo el eje trasero debido al doble esfuerzo de la pesada tándem, por lo que el motor nos da esperanzas para no comprometer tanto la transmisión en los terrenos difíciles. Desde San Francisco seguimos hacia el sur por la costa oeste rumbo a México, recorriendo la conocida Highway One. Paisajes con vista al océano bordeando acantilados, con un clima templado ideal para pedalear. Algunas paradas entre medio donde trabajamos para ganar algo de dinero, y varias noches acampando en diferentes States Parks.

DSC00871

Mucha suerte tuvimos al ser recibidos en casas donde nos hospedaron, a veces a través de la comunidad warmshowers, como otras veces preguntando al azar en los lugares donde la oscuridad del anochecer nos sugería frenar a descansar. Tras casi cuatro meses andando nos llegó otra gran decisión. Tras mucho análisis optamos por dejar atrás nuestro trailer de bambú y seguir pedaleando con todo el peso sobre la bici. Es un carrito hermoso que captaba la atención de la gente y le daba un aire aún más pintoresco a la bicicleta, pero su gran tamaño nos dificultaba los movimientos, en especial para acomodarnos o ir marcha atrás. Ahora seguimos sólo con la bicicleta, tratando de organizar todo nuestro equipaje en menos espacio; en un vehículo que ya ni se ve que está construido en bambú pues se encuentra cubierto con nuestras alforjas. Es cierto que somos relativamente más veloces y ágiles sin el trailer, pero aún extrañamos su belleza y el espacio extra que nos regalaba para acomodar todo lo que llevamos. Son días donde seguimos aprendiendo continuamente. La bici se siente distinta con tanto peso encima, y cuesta acostumbrarme a maniobrarla con la carga extra que llevamos en el manubrio. Se trata de un camino hacia la simpleza, buscando liberarnos de lo superfluo y quedándonos con lo esencial, para así andar más livianos y ser más adaptables a las nuevas situaciones. Es una tarea difícil encontrar ese equilibrio, donde cada interrogante tiene muchas decisiones posibles y válidas.

DSC08969

La presentación del libro en Radio City ValenciaDSC09107

 

Author: Marky y Nico

Leave a Reply